Hoy es el último día de clase y, por raro que parezca, solo estoy contenta a medias. Esto se explica porque a medida que pasan los años el significado de las vacaciones navideñas se aleja cada vez más del que tenían en mi más tierna infancia.
Por un lado, te das cuenta de que eso de "vacaciones" y "exámenes de febrero" es tan relativo como incierto. No se a que tipo de tortura masónica han sido sometidos los encargados de cuadrar el calendario lectivo, pero este año los exámenes del primer cuatrimestre están, como quien dice, a la vuelta de Reyes. Esta es una de esas cosas por las que quemaría la Universidad. Mientras profesores y administrativos gozarán de unas vacaciones como Dios manda, es decir, rascándose los genitales; yo tendré que adecuarme al horario habitual de clases, con la única diferencia de poder hacerlo en pijama y fumando como un puto camionero cada vez que tenga que leer en verso, aprenderme la vida y milagros de don Ramón del Valle-Inclán, saber diferenciar entre latinismo, cultismo, semicultismo y suputamadre, o evolucionar palabras del tipo SERICARIUM (> jilguero)
Los asuntos académicos no se quedan ahí, sino que llegan a profanar el último -y único- sentido de la Navidad: los regalos. El regalo "comodín" -bragas, calcetines, pijamas y colonias- es lo único que no ha cambiado desde que tengo uso de razón. Cuando pasé del colegio al instituto los libros del barco de vapor, las barbies y los ponys fueron sustituidos por sets de maquillaje, relojes, reproductores de cd's (cedeses si nos ponemos académicos), literatura juvenil de dudosa calidad y zapatillas gazelle.
Desde que entré en la Universidad el regalo guay ha sido sustituido por el regalo tostón: diccionarios generales -María Moliner, Manuel Seco-; diccionarios especializados -Lázaro Carreter, Estébanez Calderón-; manuales de literatura hispánica e hispanoamericana; manuales de lingüística -fonología, lingüística general, pronunciación, gramática histórica, historia del español, pragmática, métrica, retórica-; la Gramática de Alarcos; la edición académica de Cien Años de Soledad (bien! ya tengo tres ediciones del mismo libro!) y la de Francisco Rico de Don Quijote de la Mancha (y van cuatro!).
Mi padre ha venido hace un rato con un artículo del periódico en el que hablaban de la nueva gramática que está a punto de sacar la RAE y, de paso, citaban la ya existente Gramática descriptiva el español de Bosque y Demonte (3 infernales tomos, infinitas páginas en papel biblia). Me ha preguntado -entre indignado y asombrado- que por qué no la tenía. Le he mirado con desdén y le he dicho que se fuera a freír churros junto a la Academia y el Instituto Cervantes, y que si tenía cojones a regalarme eso cambiaría sus zapatos Camper por el Vademecum.
Como es habitual en él, se ha retirado sonriendose, convencido de que ganará otra vez. Lo que no ha tenido cuenta es eso que tanto le encanta decir a él "de casta le viene al galgo". Asi que por el momento he decidido guardar el ticket...veremos entonces quien tiene huevos a reirse la noche del 24 de diciembre si él o yo -me imagino que será mi madre, la única que por lo visto va a tener un regalo decente-.
venganza!
p.d: María 1 - Zambrano 0
miércoles 17 de diciembre de 2008
lunes 8 de diciembre de 2008
Nihil sub sole novum
No hay cosa que más odie en el mundo que sentarme frente a una pantalla y no saber que escribir. Esto, que me está pasando ahora mismo, me lleva pasando casi un mes. Tengo la manía de creer en esos rollos espirituales de que la inspiración es la via para la perfección formal, lo cual se traduce en en que voy a una media de un folio (Times New Roman 12, Interlineado 1'5) por día o, lo que es lo mismo, pura frustración.
Llevo cuatro años redactando trabajos -unos más elaborados que otros, para que nos vamos a engañar- y la tónica general es de: 1 semana para la lectura de la(s) obra(s) haciendo todas las anotaciones que encuentre relevantes, 1 semana de investigación y consulta de fuentes, 1 día de esquema de trabajo y 1 día de redacción. Se acabó el chollo, estamos a lunes y ha pasado una semana desde que empecé la Introducción de mi trabajo, lo que quiere decir que llevo 7 días estrujándome el cerebro para sacarlo adelante sea como sea y, además, bien.
Y eso, aunque sea lo único, es lo que tengo claro. Esta vez es la buena y aunque me cueste sudor, sangre, lágrimas y un pulmón -esto último no es en sentido figurado- no voy a tirar la toalla como hace dos años. A estas alturas me da igual que no sirva de nada en el ámbito académico y que no me abra las puertas que he encontrado cerradas durante toda la carrera. Lo hago por amor al arte y por mi misma, porque me gusta y porque me canso de que los mejores siempre sean los demás.
Aunque no lo creais, esto es lo más personal que he escrito en mi vida y debería autodestruirme al pulsar "Publicar entrada"
Buenas noches queridos míos, deseadme suerte.
(Andrea, Sr. Insustancial -merecen mención a parte, no creo que tenga que explicar porqué- aunque no os haya escrito he seguido vuestros blogs desde la oscuridad)
Erica: rencor eterno por no haber venido el viernes a celebrar mis 22 primaveras.
Llevo cuatro años redactando trabajos -unos más elaborados que otros, para que nos vamos a engañar- y la tónica general es de: 1 semana para la lectura de la(s) obra(s) haciendo todas las anotaciones que encuentre relevantes, 1 semana de investigación y consulta de fuentes, 1 día de esquema de trabajo y 1 día de redacción. Se acabó el chollo, estamos a lunes y ha pasado una semana desde que empecé la Introducción de mi trabajo, lo que quiere decir que llevo 7 días estrujándome el cerebro para sacarlo adelante sea como sea y, además, bien.
Y eso, aunque sea lo único, es lo que tengo claro. Esta vez es la buena y aunque me cueste sudor, sangre, lágrimas y un pulmón -esto último no es en sentido figurado- no voy a tirar la toalla como hace dos años. A estas alturas me da igual que no sirva de nada en el ámbito académico y que no me abra las puertas que he encontrado cerradas durante toda la carrera. Lo hago por amor al arte y por mi misma, porque me gusta y porque me canso de que los mejores siempre sean los demás.
Aunque no lo creais, esto es lo más personal que he escrito en mi vida y debería autodestruirme al pulsar "Publicar entrada"
Buenas noches queridos míos, deseadme suerte.
(Andrea, Sr. Insustancial -merecen mención a parte, no creo que tenga que explicar porqué- aunque no os haya escrito he seguido vuestros blogs desde la oscuridad)
Erica: rencor eterno por no haber venido el viernes a celebrar mis 22 primaveras.
lunes 10 de noviembre de 2008
jueves 6 de noviembre de 2008
Otoño, American Recordings y otras nostalgias
Escuchar la respiración de Johnny Cash entre estrofa y estrofa hace que, momentáneamente, todo cobre y pierda sentido a la vez.
(Definitivamente está siendo una semana muy dura)
miércoles 5 de noviembre de 2008
El miércoles maldito
Iba a escribir un post hablando sobre la broma pesada que me ha gastado Paul Auster escribiendo - y publicando- Viajes por el Scriptorium. También iba a contaros por qué hoy he vuelto a ver La chica del puente y por qué es la única película que he visto más de dos veces. Pero resulta que antes me ha apetecido un zumo de naranja. Asi que me he dirigido al frigorífico, he llenado el vaso con esa asquerosidad que compra mi padre (que más que zumo es Tang) y de camino a mi habitación se me ha caído encima de mi pijama de osos. Con lo cual, a parte de un agradable olor a naranja sintética que recorre todo el pasillo, parece que he salido de un concurso de miss camiseta mojada patrocinado por los fruitis.
Así que ahora lo único que me apetece es encenderme un cigarro, poner Turbonegro a todo volumen, subir al piso de arriba y decirles a mis vecinos que eso es música y no la mierda que canta su hijo todas las putas mañanas. Que la próxima vez que venga Amaral le compraré una entrada para el concierto, a ver si así se desfoga agusto y se desgarra las cuerdas vocales de una puta vez, se queda mudo y no lo vuelvo a oír más. Después quiero decirles a mis vecinos chinos que dejen de dar portazos a las cuatro de la mañana, de cocinar con salsa agridulce y de dejarse el gas abierto. Ya que estoy, me encantaría decirle a mi vecina de al lado que se deje de automedicar y de intentar aprender a tocar el piano, y a mi vecino de abajo, que si en diez años no ha conseguido ligarse a Fulana, no lo va a conseguir ahora, que me revienta ver sus calzoncillos perfectamente tendidos y agrupados por colores y que las colillas de Nobel SON MIAS, Y SI TIENES QUE BARRERLAS TE JODES, QUE DESPUÉS DE 22 AÑOS ALIMENTANDO GATOS MUGRIENTOS ES LO MENOS QUE TE MERECES.
¿Veis? Ésto es lo que pasa cuando llevas 12 horas en la Universidad y te frustras por no entender unos versos de la Eneida.
Notas:
-Mañana me hago las fotos para mi orla, ¿cuántas quereis?
-Queda exactamente un mes para mi cumpleaños, espero que hayais pensado ya en mi(s) regalo(s)
Así que ahora lo único que me apetece es encenderme un cigarro, poner Turbonegro a todo volumen, subir al piso de arriba y decirles a mis vecinos que eso es música y no la mierda que canta su hijo todas las putas mañanas. Que la próxima vez que venga Amaral le compraré una entrada para el concierto, a ver si así se desfoga agusto y se desgarra las cuerdas vocales de una puta vez, se queda mudo y no lo vuelvo a oír más. Después quiero decirles a mis vecinos chinos que dejen de dar portazos a las cuatro de la mañana, de cocinar con salsa agridulce y de dejarse el gas abierto. Ya que estoy, me encantaría decirle a mi vecina de al lado que se deje de automedicar y de intentar aprender a tocar el piano, y a mi vecino de abajo, que si en diez años no ha conseguido ligarse a Fulana, no lo va a conseguir ahora, que me revienta ver sus calzoncillos perfectamente tendidos y agrupados por colores y que las colillas de Nobel SON MIAS, Y SI TIENES QUE BARRERLAS TE JODES, QUE DESPUÉS DE 22 AÑOS ALIMENTANDO GATOS MUGRIENTOS ES LO MENOS QUE TE MERECES.
¿Veis? Ésto es lo que pasa cuando llevas 12 horas en la Universidad y te frustras por no entender unos versos de la Eneida.
Notas:
-Mañana me hago las fotos para mi orla, ¿cuántas quereis?
-Queda exactamente un mes para mi cumpleaños, espero que hayais pensado ya en mi(s) regalo(s)
domingo 2 de noviembre de 2008
Rusia
Tengo la costumbre de ver siempre el primer capítulo de las series o programas de televisión que anuncian como nuevas. Si se trata en de una serie extranjera suelo engancharme. Osea, que veo los dos primeros capítulos en televisión y despues de cabrearme en las ocho tandas de anuncios que me cortan el rollo, decido acudir a series yonkis y verme toda la temporada de tirón. Esto es lo que me ha pasado con series como Dexter, House, A dos metros bajo tierra (gracias por esa seriedad en la retransmisión), Los Soprano, Como conocí a vuestra madre y, por supuesto, LOST (entre otras) Salvo contadas excepciones como El internado, las series españolas suelen parecerme repetitivas y previsibles -Cuéntame, Aída, 7 vidas, Aqui no hay quien viva, etc.- o directamente una puta mierda -Física o Química, Los Serrano, La lola, Hospital central, etc.-
Los programas, sean del tipo que sean, van en relación con la cadena de televisión, es decir, La Sexta, La dos y Antena Aragón bien, el resto, excepto Callejeros en el caso de Cuatro, mal: bochornosos informativos e interminables espacios dedicados a la prensa rosa, por no hablar de los programas matutinos destinados a manipular mentes octogenarias. Sobre el hecho de poner al timón de La mirada crítica a Maria Teresa Campos no diré ni una palabra, solo vi el programa en el que hablaban de los restos de García Lorca y me entraron ganas de sacar el fusil y pegarme un tiro.
El tema de los realitys es algo que supera a mis fuerzas, pero siempre veo el primer programa con la esperanza de que de repente aparezca alguien conocido de Zaragoza y me pueda reir agusto de él. Desgraciadamente, nunca ha sido el caso (excepto un triunfito que era amigo del primo de la novia del tio de mi primo, lo típico) por lo demás, no suelen sorprenderme nada: selección de personalidades a cada cual más excentrica, nivel cultural ínfimo y tetas grandes.
Es por todo ésto por lo que el programa Pekín Express me sorprendió gratamente. Si, me gusta. Evidentemente, el tema concursantes me da bastante igual, aunque las situaciones siempre resultan bastante cómicas, por no decir esperpénticas y grotescas. Hay que decir que me gustaria verme a mi -y a cualquiera de vosotros- en plena Rusia profunda, sin hotel ni desayuno continental, llorando y clamando al cielo para que viniera mi mamá a hacerme una tortilla de patata y un huevo frito. Pero bueno, a lo que iba.
Me gusta Pekín Express por las pequeñas dosis de documental que tiene, crecientes en estas últimas etapas en las que ya no quedan muchos concursantes y las peleas dejan paso al magnífico desfile de paisajes y gentes. Y me gusta porque enseña la Rusia que nunca vemos y, personalmente, la Rusia que no ví en mi viaje del verano pasado, pero que si intuí. Rusia, ese gran desconocido en todos los sentidos.
De las pocas cosas que he tenido oportunidad de ver de Rusia, fuera del páis, se me vienen a la cabeza ahora mismo tres: dos reportajes del semanal dedicados a Vladimir Putin, que consistían en una ristra de fotos de tono heróico en las que salía domando fieras o montando a caballo alegremente con sus hijas; y un magnífico, y terriblemente doloroso y objetivo, reportaje sobre la tragedia de la escuela de Beslán.
En mi viaje a Rusia las únicas expectativas que se cumplieron fueron las, llamémoslo así, artísticas. Es decir, vi todas las iglesias, palacios imperiales, museos y sitios memorables de Moscú y San Petersburgo que quería ver, y monté en el legendario transiberiano del que tanto había leído en mi curiosa afición y fascinación por todo lo ruso. De aprender algo de historia, nada de nada. El asesinato de los zares es pura literatura (-¿Están realmente todos enterrados ahí? -La guía se da la vuelta) y de ahi pasamos a unas breves pinceladas acerca de Lenin. A Stalin ni nombrarlo (¿Archipielago Gulag?¿eso es un libro famoso?¿de verdad? - respuesta de la guía turística) y así llega Jruschov que pone todo en su sitio. Un poco de Perestroika, nada de Yeltsin, que viva Putin y la KGB ya no existe (no, que va!) Fin.
En ese aspecto, la visita fue bastante decepcionante. No es que todos fueramos unos entendidos de la historia rusa pero, al menos, a mi padre y a mi se nos llevaban los demonios. No porque nos contaran mentiras, sino porque directamente todas -tuvimos tres guías turísticas- omitían cualquier tipo de pasaje histórico conflictivo, lo cual resultaba en algunos casos casi bochornoso. Evidentemente, lo que no podían ocultar, era la realidad que había tras los principales núcleos turísticos: la vida de verdad, la de una ciudad inmensa, incontrolable, llena de pasajes subterráneos, avenidas de nueve carriles y casas practicamente derruídas, entre ellas, la del mísmisimo Fiódor Dostoyevski. Tampoco olvidaré las caras de algunos rusos mirando con desdén a los turistas que visitaban la tumba de Lenin, el paisaje desolador que me ofrecían las pequeñas ventanas del transiberiano o la conversación con una chica joven que sabía español en la que nos contó que a los médicos hay que pagarles con bombones y whisky, que tenía tres trabajos y que sus padres, con 75 y 80 años tenían que seguir trabajando para poder comer, y más cosas que no me voy a poner a escribir aqui.
La Rusia que te enseñan es la del folleto turístico, ni más, ni menos. Por eso quizá me gusta tanto el programa Pekín Express. Porque me fui con mal sabor de boca y con ganas de ver más, de ver algo de realidad sin maquillar, de aprender, de mirar a los ojos a un ruso, de entrar en su casa y revolverle el cuarto. Preguntarle qué se siente al patinar en invierno sobre el Neva con la brisa del mar Báltico helándole las mejillas. Que me diga cómo es el sol en Invierno paseando por la Plaza Roja, cuántas veces ha dormido sobre los railes del transiberiano...En definitiva, saber qué hay más allá de los mármoles y lámparas doradas del metro, de los centenares de militares custodiando la ciudad, de los coches, del humo y de los monumentos comunistas. Quiero conocer la Rusia que veo todos los domingos, recorrer las llanuras, divisar el lago Baikal y llegar hasta los Urales... Espero que algún día pueda escribir la historia que se me quedó a medias en el aeropuerto de Barajas.
Por cierto, aquí podeis ver algunas fotos de mi viaje a Rusia. Prometo que pronto subiré las de Grecia
Los programas, sean del tipo que sean, van en relación con la cadena de televisión, es decir, La Sexta, La dos y Antena Aragón bien, el resto, excepto Callejeros en el caso de Cuatro, mal: bochornosos informativos e interminables espacios dedicados a la prensa rosa, por no hablar de los programas matutinos destinados a manipular mentes octogenarias. Sobre el hecho de poner al timón de La mirada crítica a Maria Teresa Campos no diré ni una palabra, solo vi el programa en el que hablaban de los restos de García Lorca y me entraron ganas de sacar el fusil y pegarme un tiro.
El tema de los realitys es algo que supera a mis fuerzas, pero siempre veo el primer programa con la esperanza de que de repente aparezca alguien conocido de Zaragoza y me pueda reir agusto de él. Desgraciadamente, nunca ha sido el caso (excepto un triunfito que era amigo del primo de la novia del tio de mi primo, lo típico) por lo demás, no suelen sorprenderme nada: selección de personalidades a cada cual más excentrica, nivel cultural ínfimo y tetas grandes.
Es por todo ésto por lo que el programa Pekín Express me sorprendió gratamente. Si, me gusta. Evidentemente, el tema concursantes me da bastante igual, aunque las situaciones siempre resultan bastante cómicas, por no decir esperpénticas y grotescas. Hay que decir que me gustaria verme a mi -y a cualquiera de vosotros- en plena Rusia profunda, sin hotel ni desayuno continental, llorando y clamando al cielo para que viniera mi mamá a hacerme una tortilla de patata y un huevo frito. Pero bueno, a lo que iba.
Me gusta Pekín Express por las pequeñas dosis de documental que tiene, crecientes en estas últimas etapas en las que ya no quedan muchos concursantes y las peleas dejan paso al magnífico desfile de paisajes y gentes. Y me gusta porque enseña la Rusia que nunca vemos y, personalmente, la Rusia que no ví en mi viaje del verano pasado, pero que si intuí. Rusia, ese gran desconocido en todos los sentidos.
De las pocas cosas que he tenido oportunidad de ver de Rusia, fuera del páis, se me vienen a la cabeza ahora mismo tres: dos reportajes del semanal dedicados a Vladimir Putin, que consistían en una ristra de fotos de tono heróico en las que salía domando fieras o montando a caballo alegremente con sus hijas; y un magnífico, y terriblemente doloroso y objetivo, reportaje sobre la tragedia de la escuela de Beslán.
En mi viaje a Rusia las únicas expectativas que se cumplieron fueron las, llamémoslo así, artísticas. Es decir, vi todas las iglesias, palacios imperiales, museos y sitios memorables de Moscú y San Petersburgo que quería ver, y monté en el legendario transiberiano del que tanto había leído en mi curiosa afición y fascinación por todo lo ruso. De aprender algo de historia, nada de nada. El asesinato de los zares es pura literatura (-¿Están realmente todos enterrados ahí? -La guía se da la vuelta) y de ahi pasamos a unas breves pinceladas acerca de Lenin. A Stalin ni nombrarlo (¿Archipielago Gulag?¿eso es un libro famoso?¿de verdad? - respuesta de la guía turística) y así llega Jruschov que pone todo en su sitio. Un poco de Perestroika, nada de Yeltsin, que viva Putin y la KGB ya no existe (no, que va!) Fin.
En ese aspecto, la visita fue bastante decepcionante. No es que todos fueramos unos entendidos de la historia rusa pero, al menos, a mi padre y a mi se nos llevaban los demonios. No porque nos contaran mentiras, sino porque directamente todas -tuvimos tres guías turísticas- omitían cualquier tipo de pasaje histórico conflictivo, lo cual resultaba en algunos casos casi bochornoso. Evidentemente, lo que no podían ocultar, era la realidad que había tras los principales núcleos turísticos: la vida de verdad, la de una ciudad inmensa, incontrolable, llena de pasajes subterráneos, avenidas de nueve carriles y casas practicamente derruídas, entre ellas, la del mísmisimo Fiódor Dostoyevski. Tampoco olvidaré las caras de algunos rusos mirando con desdén a los turistas que visitaban la tumba de Lenin, el paisaje desolador que me ofrecían las pequeñas ventanas del transiberiano o la conversación con una chica joven que sabía español en la que nos contó que a los médicos hay que pagarles con bombones y whisky, que tenía tres trabajos y que sus padres, con 75 y 80 años tenían que seguir trabajando para poder comer, y más cosas que no me voy a poner a escribir aqui.
La Rusia que te enseñan es la del folleto turístico, ni más, ni menos. Por eso quizá me gusta tanto el programa Pekín Express. Porque me fui con mal sabor de boca y con ganas de ver más, de ver algo de realidad sin maquillar, de aprender, de mirar a los ojos a un ruso, de entrar en su casa y revolverle el cuarto. Preguntarle qué se siente al patinar en invierno sobre el Neva con la brisa del mar Báltico helándole las mejillas. Que me diga cómo es el sol en Invierno paseando por la Plaza Roja, cuántas veces ha dormido sobre los railes del transiberiano...En definitiva, saber qué hay más allá de los mármoles y lámparas doradas del metro, de los centenares de militares custodiando la ciudad, de los coches, del humo y de los monumentos comunistas. Quiero conocer la Rusia que veo todos los domingos, recorrer las llanuras, divisar el lago Baikal y llegar hasta los Urales... Espero que algún día pueda escribir la historia que se me quedó a medias en el aeropuerto de Barajas.
Por cierto, aquí podeis ver algunas fotos de mi viaje a Rusia. Prometo que pronto subiré las de Grecia
martes 28 de octubre de 2008
Elliott Smith - The biggest lie
Manual para un día de lluvia:
Elliott Smith - Elliott Smith
Ray LaMontagne - Trouble
Death Cab for Cutie - Plans
Cat Power - The greatest
Bright Eyes - Fevers and mirrors
(en este orden)
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